Disfunción eréctil

El gran taboo. La pesadilla que persigue a muchos, muchos hombres. ¿Es realmente tan malo?

Lo primero que hay que resolver cuándo nos planteamos un caso de disfunción eréctil es si la causa es física o psicológica. 

Si es física es un tema médico y deberá tratarse con medicación o intervenciones según lo decidan los médicos responsables del caso. 

Si es psicológica se deberá tratar con psicoterapia para conseguir que el paciente pueda volver a disfrutar de su sexualidad sin preocupaciones. 

¿Y cómo saberlo?

¿A veces sí, y a veces no?
En primer lugar suele ser bastante sencillo de diferenciar. Para empezar si tienes dificultades en tus erecciones, pero solo en algunas ocasiones mientras que en otras no, es un gran síntoma de que puede ser por motivos puramente psicológicos. En caso contrario, si la disfunción se mantiene constante y no hay ocasiones en las que se tiene una erección lo más recomendable es acudir a un médico. 

¿Te preocupa que pase?
Si te preocupa tanto que pase que sientes que no puedes dejar de pensar en ello incluso durante el sexo, pero luego cuando estás solo o no sientes tanta presión no tienes ningún problema. Es otro síntoma claro de motivos psicológicos para la disfunción. 

¿Te pasa solo con personas nuevas?
Muchas personas experimentan disfunción eréctil solo con personas con las que no tienen confianza o no se sienten seguros. Mientras que cuando están con relaciones formales que duran un poco más de tiempo terminan teniendo una sexualidad normal. Si este es tu caso es muy probable que tu disfunción se deba a causas psicológicas. 

¿Experiencia traumática?
¿Has tenido alguna experiencia en la cual te hayas sentido ridiculizado por esto? Es tremendamente común, pero no todo el mundo lo entiende y, desgraciadamente, tampoco todo el mundo es comprensivo y amable. Si has vivido mal respuestas de tus parejas sexuales es posible que ello haya gravado tus síntomas. 

 

Déjame decirte algo. Todos los hombres tienen disfunción eréctil alguna vez en su vida.

Las erecciones no son siempre iguales, ni falta que hace. 

El ser humano no es una máquina, y esperar que todo funcione exactamente igual cada día es una expectativa irrealista. Al igual que algunos días tienes más energía que otros, al igual que unos te duele la cabeza y otros te sientes fresco como una rosa, el cuerpo tiene sus respuestas y estas varían cada día. Es lo normal, lo natural y lo sano.

Pero además, debes saber otra cosa. El cuerpo humano no puede activar una erección si hay estrés en el organismo. Si estás nervioso o preocupado el sistema que activa la erección no mandará nunca la señal. 

Piénsalo un momento porque tiene mucho sentido. El cerebro funciona prácticamente igual desde hace miles de años. Hace tanto tiempo había bastantes motivos por los que sentir estrés y todos eran muy serios. Un león por ejemplo es el ejemplo más claro. 

Lo cierto es que si ves a un león sentirás miedo, estrés y preocupación. E igual de cierto es que en esa situación no necesitas para nada una erección. De hecho si lo piensas puede ser lo más molesto en ese momento.

Necesitas correr y escalar un árbol, no quieres una erección. 

Por lo tanto el cuerpo no combina miedo e incomodidad con una respuesta sexual. Porque no tiene sentido en términos de supervivencia.

Así que, para poder retomar tus erecciones con normalidad primero debes aprender a gestionar ese miedo, esa preocupación y el estrés que te genera el sexo ahora mismo. 

 

¿Por qué es importante apoyarme en un profesional?
Un psicólogo conoce cómo funcionan el estrés el miedo, la preocupación y la disfunción erectil. Lo que la activa, cuándo es adaptativa y cuando no, y sabe cómo ayudar a sus pacientes a gestionarla de la manera adecuada. Sabe aportar un apoyo sólido y reforzante al paciente para que se sienta capaz de avanzar, gestionarla y procesar lo que pueda haber detrás de ella. Es capaz de acompañarlo en el camino de cambiar su forma de gestionar la vida, sus emociones y su dolor para ayudarle a recuperar el control y la calma en su vida. 

No sé por qué, pero cuando se trata de un motor estropeado nadie duda de contar con un mecánico. Es casi inevitable. En las películas americanas siempre se ridiculiza al padre de familia que quiere hacerse el fontanero por ahorrarse unos dólares y al final acaba de agua hasta las orejas. 

La respuesta es simple: No nacemos sabiendo manejar nuestros miedos. Debemos aprender y aun así cada persona nueva es diferente y nos trae nuevos retos para los que no tenemos respuestas. Y es normal necesitar que un profesional nos ayude a entendernos.

El problema es que toda la vida nos invitan a autogestionarnos. A saber controlarnos y mantenernos estables. Pero si te das cuenta, ¡no nos han enseñado a hacer eso en ningún momento!

En mi cabeza suena tan absurdo como si alguien esperara que yo supiera arreglar mi coche sin tocar un libro de mecánica… Ni lo intento, y si lo intentara me frustraría y perdería mucho tiempo en vano antes de llamar a un profesional. Incluso puede que rompiera aun más mi motor. 

Tu motor es la mente que viene sin instrucciones desde que naciste. Es totalmente normal contar con alguien que ya sabe cómo funciona y puede ponerte las cosas mucho más fáciles y agradables.

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